Nos acompaña hoy un educador que conoce y comparte profundamente el latir de la escuela católica en nuestra región, tendiendo puentes entre Perú, Ecuador y Colombia donde ha brindado conferencias sobre educación evangelizadora.
Él es educador por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) y especialista en Planificación Pastoral por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia. Cuenta con estudios de maestría en Gerencia Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú.
A lo largo de su trayectoria, ha caminado junto a las juventudes y la Iglesia como miembro del Equipo Nacional de Formación de la Comisión Episcopal de Juventud y docente de Metodología Catequética y Planificación Pastoral en el ISET Juan XXIII.
Su vocación lo ha llevado a ser un aliado incansable de diversas congregaciones y colegios en América Latina, acompañándolos en el discernimiento de su misión y en el fortalecimiento de su identidad carismática. Su enfoque busca que el Evangelio no sea una teoría, sino una realidad viva a través del diseño de un currículo evangelizador.
Tras desempeñarse como Gerente de Relacionamiento con la Escuela Católica en SM Perú, hoy lidera como Gerente General a PlanPas-Perú.
CONFERENCIA N°3
“Identidad de la escuela católica: evangelizar educando”
Introducción: La ilusión de la neutralidad educativa
En un contexto cultural caracterizado por la fragmentación social y la pérdida de horizontes de sentido, la escuela católica se encuentra en una encrucijada histórica. No son pocos los intentos de reducir la educación a un ejercicio meramente instrumental, técnico o supuestamente "neutro". Sin embargo, como bien se sostiene en los fundamentos del currículo evangelizador, la neutralidad en la enseñanza es una imposición ficticia. Toda metodología, todo saber seleccionado y toda práctica de aula parten necesariamente de una postura antropológica y de una identidad profunda.
Para la escuela católica, y de manera muy especial para la pedagogía escolapia fundada en el binomio calasancio de "Piedad y Letras", la respuesta a este desafío no puede ser la asimilación acrítica de modelos seculares. La verdadera identidad de nuestras instituciones exige un retorno a su misión esencial: evangelizar educando. Esta tarea no se limita a añadir contenidos de religión al plan de estudios, sino a impregnar la totalidad del quehacer escolar a través de un currículo evangelizador concebido como una mediación de la gracia y el anuncio del Reino.
1. El Currículo como Selección de Saberes desde el Reino de Dios
El currículo no es un frío documento administrativo de programación pedagógica, sino la selección de saberes pertinentes para la formación integral de la persona humana. Cuando nos preguntamos cuál es el criterio que debe regir esta selección en la escuela católica, la respuesta brota de nuestra condición de discípulos y seguidores de Jesucristo: enseñamos aquello que permite a los estudiantes participar activamente en la construcción del Reino de Dios aquí y ahora (Mateo 6,10).
Esta propuesta requiere una mirada hermenéutica que ayude a describir cual es la Buena Noticia que podemos aportar hoy al mundo. Y desde la invitación del papa Francisco, podemos encontrar un referente en la parábola del tesoro escondido (Mateo 13,44):
El tesoro en el campo: El Reino de Dios no está desencarnado; se encuentra oculto en medio de nuestra realidad histórica, social y cultural.
Evitar la evasión: Descubrir el tesoro no puede llevarnos a evadir la realidad o "volverlo a esconder" por comodidad.
El camino de la alegría: La renuncia a los criterios del mundo no es un sacrificio amargo, sino un camino de afirmación y felicidad profunda (Evangelii Gaudium, 1).
Asumir la responsabilidad: "Comprar el campo" significa responsabilizarse de transformar la realidad para hacer presente el Reino.
Frente a un mundo que a menudo agoniza bajo lógicas de manipulación, condicionamiento o dominación, la escuela católica propone la pedagogía del vínculo. Un encuentro que es buena noticia en un mundo aislado. Evangelizar hoy implica transitar de un modelo social de acumulación, corrupción y cultura acrítica, hacia un proyecto histórico basado en la economía solidaria, la participación ciudadana y la cultura crítica.
2. Los Trascendentales como Pilares de la Humanización
El currículo evangelizador se hace operativo a través de cuatro grandes categorías trascendentales que conectan directamente la revelación teológica con los saberes escolares:
A. La Verdad: Formar buscadores incansables
La escuela católica no solo transmite verdades estáticas; su fin es capacitar a los estudiantes para ser investigadores permanentes de la verdad. Esto se logra empoderando al alumno mediante el método científico y los procesos metacognitivos. Teológicamente, la verdad tiene un lugar epistemológico claro: la mirada de Jesús desde los marginados e indefensos. Investigar la verdad exige valorar con rigor y ética las fuentes, reconociendo que la defensa de lo verdadero siempre tiene un costo existencial.
B. La Justicia: De la retribución a la restauración
Superando las visiones reduccionistas de la moral social, el currículo integra nociones de equidad, distribución, proporcionalidad y dignidad humana. Siguiendo el modelo de Jesús —quien participa de la justicia no como un juez condenatorio, sino como un defensor que se ubica del lado de la víctima—, la escuela católica debe educar en una justicia restaurativa. Esta perspectiva sana los tejidos sociales dañados en lugar de limitarse a aplicar castigos meramente retributivos.
C. La Belleza: El asombro frente a la cultura del espectáculo
En una sociedad hedonista que privilegia la estética vacía y la forma sobre el fondo (la cultura del espectáculo), la escuela católica debe educar en el asombro y la contemplación. La belleza de la naturaleza, del lenguaje libre de vulgarizaciones y del cuerpo como templo, abre las puertas al gozo trascendente. Es el paso de la propiedad y el consumo visual a la actitud de reverencia ante la creación.
D. La Bondad: El criterio definitivo de calidad educativa
La verdadera calidad de una institución católica no se mide por estándares puramente técnicos de rendimiento, sino por su nivel de humanización. Un currículo es de calidad cuando suscita la fraternidad, la argumentación lógica respetuosa, la sensibilidad social y una conciencia ética responsable frente al propio entorno.
Conclusión: Educar con el corazón y con las manos
Hacer realidad un currículo evangelizador no constituye un reto meramente técnico-pedagógico, sino una profunda conversión de enfoque teológico-pastoral. No se resuelve acumulando formatos de programación, sino a través de la formación integral de los agentes educativos para que descubran a Jesús como el modelo pleno de humanidad.
Solo así, educando desde la armonía del corazón que siente y se compadece, y de las manos que se comprometen con el trabajo transformador, la escuela calasancia de Perú, Ecuador y Colombia podrá continuar siendo un faro de esperanza. El Evangelio deja de ser una teoría abstracta para convertirse, mediante una pedagogía activa y carismática, en una fuerza viva y humanizadora para nuestras sociedades.
Referencias Bibliográficas
Consejo Episcopal Latinoamericano [CELAM]. (2011). Vayan y enseñen: Identidad y misión de la Escuela Católica en América Latina y el Caribe. Bogotá: CELAM.
Espinoza Hernández, J. A. (2022). ¿Cómo construir un currículo evangelizador? https://youtu.be/p6g0iR0Gnlg?si=A1MsCX3QVGu5uMpX I Seminario Nacional de Pastoral Educativa. CONFEDEC. Ecuador.
Francisco. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: Sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Ciudad del Vaticano: Tipografía Vaticana.
Datos de la sesión
Fecha
05 de agosto de 2026
Hora
15:30 – 17:00 h.
Modalidad
Presencial
¿Quieres saber más?
Consulta la agenda completa del congreso