Sacerdote Jesuita, Doctor en Teología por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Diplomado en estudios antropológicos por la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Fue Superior Provincial de la Compañía de Jesús en el Perú desde 1998 al 2004. Presidente de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL) del 2005 al 2012. Rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya desde 2014 al 2019. Presidente de la Asociación de Universidades Jesuitas de América Latina (AUSJAL) del 2017 al 2019.
Fue consejero del Consejo Nacional de Educación (CNE) del 2020 al 2022. Miembro del Board of Directors de Georgetown University del 2012 al 2017.
Director general de Fe y Alegría del Perú desde el año 2019.
CONFERENCIA N°7
“Una educación para la ciudadanía plena y global. Paz, diversidad y convivencia.”
“La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona” (León XIV; Magnifica Humanitas, n. 143). Esta afirmación es válida también para la educación superior y para todas las modalidades educativas a lo largo de la vida. La educación es la dimensión privilegiada para la formación integral de las personas, incluyendo la construcción de una ciudadanía democrática que promueva la convivencia entre diferentes, se enriquezca de las diversidades culturales y religiosas y sea una permanente artesana de paz social.
Por ello, la educación es ante todo un derecho humano, inscrito en la dignidad de las personas, inalienable y habilitante para la consecución de otros derechos. La educación ciudadana, por tanto, no constituye un contenido aislado, sino un eje transversal que orienta las prácticas pedagógicas, las relaciones interpersonales y la cultura institucional.
Una escuela que forma ciudadanos promueve el desarrollo de personas autónomas, solidarias, respetuosas de los derechos humanos y capaces de contribuir a la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y democrática. De ese modo, pueden abrirse a la trascendencia, son capaces de salir de sí mismos, buscar el bien común y plantearse cuestiones que tienen que ver con el sentido de la experiencia humana.
En el Proyecto Educativo Nacional al 2036 (PEN 2036), la ciudadanía ocupa un lugar central. De hecho, el documento se titula “El reto de la ciudadanía plena” porque plantea que la finalidad última de la educación peruana es contribuir a que todas las personas puedan ejercer plenamente sus derechos, participar en la vida democrática y desarrollar su proyecto de vida en condiciones de equidad e inclusión.
Este documento considera que la ciudadanía plena es una condición por la que todas las personas pueden ejercer sus derechos y responsabilidades sin discriminación ni exclusiones, participando activamente en la construcción de una sociedad democrática, justa y sostenible. No se limita al ámbito político, sino que abarca el acceso a oportunidades educativas, sociales, culturales y económicas.
La UNESCO ha desarrollado el concepto de Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM), que busca formar personas capaces de comprender los desafíos locales y globales, valorar la diversidad cultural y actuar en favor del bien común. Esta institución define la educación para la ciudadanía mundial como un enfoque educativo orientado a desarrollar conocimientos, habilidades, valores y actitudes que permitan a los estudiantes contribuir a un mundo más justo, pacífico, inclusivo y sostenible, mediante una participación y responsable en los ámbitos local, nacional y global (Educación para la Ciudadanía Mundial: Preparar a los educandos para los retos del siglo XXI; 2015).
Para la CIEC, la formación ciudadana -aunque no siempre se exprese con esos términos- forma parte de la misión evangelizadora de la escuela católica y se orienta a desarrollar personas comprometidas con el bien común, la justicia social, la participación democrática, el cuidado de la casa común y la construcción de una cultura de fraternidad. Desde esta perspectiva, educar para la ciudadanía significa formar sujetos capaces de transformar la realidad a la luz de los valores del Evangelio y de contribuir activamente a una sociedad más humana, inclusiva y solidaria. Como dice Óscar Pérez Sayago, su secretario general en la página web oficial, “formar jóvenes libres y responsables, capaces de interrogarse, decidirse, acertar o equivocarse y seguir en camino, y no meras réplicas de nuestros propios aciertos…, o de nuestros errores” (cfr. La escuela católica como propuesta educativa del siglo XXI).
En su documento programático “Ciudadanía para transformar el mundo”, la Federación Internacional de Fe y Alegría, remite su concepción de formación en ciudadanía a una fundamentación antropológica:
“El centro de nuestra acción educativa es el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones. Una persona que entendemos se caracteriza, entre otras cosas por: tener interioridad, dignidad y trascendencia; construirse en interrelación con otros(as) y en conexión con su colectivo o comunidad; tener interdependencia y reciprocidad con su entorno natural y cultural; poseer diversas potencialidades y capacidades a desarrollar, ser sujeto político y de derechos con posibilidades para transformarse y transformar sus contextos. (FIFyA, Congresos 2001, 2002, 2008)
Nuestro enfoque de ciudadanía se enlaza a esta visión integral, ética, espiritual y política de la persona. Hablamos de persona, no de individuo, por cuanto subrayamos su condición social, la construcción de su identidad y subsistencia que sólo es posible en alteridad y relación, es decir, en comunidad. (Dussel, 2013)”.
Esta concepción de ciudadanía integra el componente ético y espiritual para dar cuenta de la formación integral: “El ejercicio de ciudadanía se fundamenta también en la vivencia profunda de una espiritualidad encarnada en la realidad de pobreza y exclusión, una espiritualidad ecuménica y ecológica, espiritualidad de la unidad y el encuentro que nos hermana como habitantes de un territorio y del planeta, espiritualidad del amor práctico que defiende toda forma de vida y busca la liberación de personas y comunidades como expresión del compromiso profético en la construcción de una nueva sociedad (FIFyA, 2015, 2025). Espiritualidad de la reconciliación que, ante el sufrimiento producto de la injusticia, busca sanar un “mundo herido”.
Fe y Alegría del Perú organizó, en septiembre del 2023, el V Seminario denominado “Educar en y para una ciudadanía plena y global”. La publicación virtual se puede encontrar en la web, en la sección publicaciones institucionales. El seminario se organizó en base a 4 ejes temáticos: formación política para un país democrático, igualdad y equidad de género, interculturalidad e inclusión a una vida digna y conciencia ecológica y cuidado de la casa común. El seminario contó con la participación de las instituciones educativas de Fe y Alegría, pero también de instituciones de la sociedad civil, del Estado y de la academia. La conjunción de todos estos factores permitió compartir una gran diversidad de experiencias y un rico comunicado final, además de la publicación.
Finalmente, una educación para una ciudadanía plena y global así entendida participa plenamente de la propuesta del Pacto Educativo Global del papa Francisco, renovada por León XIV. Este la considera como una "herencia profética" para la educación contemporánea. Recordemos que, de los 7 principios del Pacto, tres tienen que ver directamente con temas de ciudadanía: Abrirse a la acogida y la inclusión, renovar la economía y la política al servicio de la persona y cuidar la casa común. León XIV reafirma estos principios y añade tres prioridades: la vida interior, el humanismo digital y la educación para la paz. Son también prioridades de su pontificado, como lo atestiguan sus documentos, sus palabras y sus gestos.
En conclusión, la educación peruana debe formar ciudadanos con pensamiento crítico y criterio propio, con capacidad de debatir y argumentar, de elaborar un proyecto de vida que incluya el bien común y el respeto a los derechos humanos, que puedan confrontar actitudes y expresiones discriminatorias en la calle y en las redes, que integren en sus vidas el fracaso, la frustración y la complejidad de las situaciones. No basta saber leer, ni tener comprensión lectora, ni prepararse para el ingreso a la universidad si no se proyecta todo ello en el horizonte de la formación de ciudadanos autónomos, plenos y con mirada global.
Datos de la sesión
Fecha
07 de agosto de 2026
Hora
09:00 – 10:30 h.
Modalidad
Presencial
¿Quieres saber más?
Consulta la agenda completa del congreso